jueves, 4 de noviembre de 2010

El imperio de la diversidad

Cuando el orden mundial comenzó a cambiar ante el imperativo de variables estructurales se estableció para alcanzar los fines políticos la estrategia económica de la globalidad materializada por el marketing.

Como todo curso de acción alcanzó las zonas predominantes de espacio en que se llevaba a cabo con sistemas de distribución consistentes, pero no era posible considerar todas las situaciones sociales o para ser más concreto los subsistemas del sistema social.

Ello indefectiblemente iba a poner en evidencia el daño colateral que conlleva toda acción directa generando oposición social con perfil de conflicto, y como la variable comunicación estaba comprometida al límite era necesario crear una idea fuerza que en si misma tuviera aceptación social y operara de acuerdo al interés del poder.

La solución que comenzó en forma gradual se aceleró con una efectividad asombrosa a nivel continental y sucedió lo imprevisible, sustituyo principios que permitían formular leyes lo que confrontó la norma jurídica con la ética.

Posiblemente Marx sonreiría frente a esta acción capitalista que demostró la eficacia de su teoría, ya que la norma se nutre de la ética y es la que relaciona la estructura que se apoya en principios que al ser sustituidos por una posición dominante deja sin principios al dominador.

Estamos en presencia de la consolidación de la hipótesis en tesis, y la consecuente generación de la antítesis por lo cual es inevitable el conflicto ya que todo el sistema se apoya sobre la misma base financiera.

El FMI alertó que los Gobiernos superadas las crisis deben tomar mayores créditos, es decir se dispone a retomar el control financiero mediante el endeudamiento y las mediciones no se hacen sobre diversificaciones sino sobre estándares.

La figura del colectivo social sustituyendo al estrato no deja espacio a la marginalidad y el fenómeno de la diversidad incluye en su seno al componente delictivo que se considera consecuencia de una sociedad injusta, la antítesis en toda su efectividad, solo que ningún estado nación va a participar en la formulación de la nueva hipótesis.

Es cierto que se crearon instrumentos internacionales para tratar de influir en la toma de decisiones a nivel continental como la creación de la UNASUR pero fue neutralizado por la OEA que actuó como árbitro en los conflictos regionales bilaterales marcando claramente la política a seguir en materia de ordenamiento constitucional.

Todos los comportamientos que obtienen un espacio tienden a profundizar su control, pero en este caso el espacio son las naciones, una minoría India en Bolivia o Perú es representativa políticamente, pero que minoría es representativa en Uruguay o Argentina por ejemplo capaz de generar líderes a los que concurra la voluntad general desde la diversidad, y en la diversidad total desde que perspectiva organizamos nuestra sociedad para establecer nuestro bienestar económico nacional, desde la articulación seguro que no.

Las condiciones para el cambio estructural están dadas, pero el daño colateral no está controlado porque el conflicto tiene un nuevo ingrediente, la delincuencia institucionalizada creó una cultura de la marginalidad que involucró a las organizaciones penitenciarias, las cuáles ofician de apoyo material y centro de coordinación a las familias que se desplazan hacia el nuevo estrato.

No es posible revertir esta situación porque es favorable a intereses supranacionales, mientras el sistema político legal acorralado actúa en un marco de interés e interpretación muy ajeno a la realidad global tratando de darle soluciones individuales a problemas colectivos y controlar las presiones internas cediendo espacios de institucionalidad.

La opción es reformular el sistema Político Legal e independizarlo de todo marco supranacional externo al MERCOSUR que represente un centro de poder con objetivos no permanentes coincidentes, formulando relaciones concretas, es decir decidir, alternativa que el imperialismo trata por todos los medios de bloquear manteniendo una imagen populista de una realidad inexistente.

La diversidad como instrumento surge de la negación de los principios de la administración, pero estos mantienen toda su vigencia, negarlos es la razón de crear la imagen sustitutiva para canalizar opinión, el origen de la guerra psicosocial y el transitar inevitable hacia el conflicto real.













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