martes, 16 de marzo de 2010

La violencia como estrategia

He tratado de mantener este blog en el plano positivo y me he comprometido con ese propósito, pero en este momento siento que lo voy a abandonar para ser fiel a mi pensamiento , de modo que prefiero compartir la verdad a la arrogancia de presentarlo como una hipótesis.
Desde estas páginas he tratado de entender que sucedía en el mundo y llevarlo al plano del análisis marginal para predecir el comportamiento de la sociedad en el nuevo orden que se está instrumentando lo cual me fue aproximando a una conclusión.
Cuando se efectúa este tipo de análisis hay que estar dispuesto a retractarse cuando los indicadores marcan que los hechos no son consecuencia de la forma como ordenamos la información y corregir el procedimiento para ser consecuente con el método, de modo que no descarto que haya llegado la oportunidad ya que voy a efectuar una afirmación temeraria.
La inseguridad en América Latina en una constante y Uruguay no es la excepción, pero en los últimos tiempos abarcó todos los estratos sociales potenciados por el tráfico, comercio y consumo de drogas ya que sus efectos no distinguen clases.
La red mundial de narcotráfico posee una estructura extraordinariamente solida y eficiente , con todas las capacidades de una organización y un servicio de inteligencia superior en todos los aspectos a los oficiales.
Sin embargo la respuesta no es proporcional a la amenaza, es decir el gobierno no emplea medios directos para neutralizar o eliminar la agresión ni los efectos derivados que llegan al nivel de generación de zonas adversas que cuestionan y no reconocen la autoridad institucional.
Para que se llegara a esta situación fue necesario que se dieran algunas condicionantes, la más importante neutralizar la capacidad operativa de las fuerzas de seguridad capaces de enfrentar frontalmente el problema llevándolas a un teatro de represión más limitado bajo el manto de la institucionalidad. La encargada de esta tarea fue la Comunicación y el instrumento la formación de opinión pública para lo cual fue imprescindible modificar la estratificación social para debilitar la clase estabilizadora. (Ver estratificación social en artículos anteriores)
Lo que sucede no es un problema nacional, ni de posiciones ideológicas, son las condicionantes externas actuando intencionalmente para alcanzar propósitos del poder global a los que dudo doctrina o voluntad alguna pueda oponerse.
La violencia como estrategia está orientada a la eliminación del dinero y su sustitución por la información, esto significa imponer el control como sistema de retroalimentación del poder, para lo cual se deben alcanzar los estratos más sumergidos de la sociedad en todas sus actividades de interacción e interrelación.
Esto que parece difícil ya se está instrumentando a nivel continental mediante la confección de documentos de identidad con bandas magnéticas, nuestro país ya se ha integrado al proceso.
En la actualidad el centro del conflicto está en el comercio, presionado por la delincuencia armada, el nuevo documento de identidad sin duda permitirá instrumentar un sistema en que el dinero no sea necesario como medida de valor ni como medio de transferencia, esa es la respuesta no armada a la inseguridad, los daños producidos hasta que entre en vigencia el nuevo sistema se denominan costo colateral aceptable.
La reformulación financiera internacional, tiene un costo social y lo estamos viviendo, hasta es lógico suponer que no va a ser el único, la estabilidad de la moneda que supera todas las expectativas imaginables seguramente no durará más de una década y el síntoma que se aproxima el final será sin duda la pérdida de competitividad arancelaria si no se le adelanta un efecto inesperado por otro motivo.
El final está bastante claro, en el mundo solo van a quedar unos pocos Bancos que serán representantes oficiales de los centros financieros reconocidos, espacios económicos regidos por las nudos de comunicación internacionales ordenados como sistemas y la tecnología como expresión de la continuación de la política por otros medios.
Mientras se instrumenta el sistema global, el conflicto permanente se pasea indolentemente por el país observando como la trama social de destruye ante la fuerza de los intereses externos.
Los medios de comunicación nos muestran la cruda realidad de nuestra sociedad, que contrasta con las encuentras que los mismos difunden sobre disminución de la pobreza y el sistema político trata de mitigar los efectos sociales de la transición inevitable hacia la dependencia absoluta.







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